¡Quién no ha visto alguna vez el Gran Premio de Mónaco de F1! Es una de esas pruebas míticas que a todo piloto le gustaría ganar, saborear esos mágicos momentos en cada curva, cada subida, cada esquina, cada recta. La cita monegasca es el edén del piloto, junto a las 24 horas de Le Mans, 500 Millas de Indianápolis y la Daytona 500.
Sé que ha pasado tiempo desde la última vez que vimos a los monoplazas de F1 rodar por las calles de Mónaco, pero siempre me surge una pregunta que los "entendidos" justifican como el efecto alcantarilla. ¿Nunca se han preguntado por qué nada más pasar el Casino los coches abandonan su trayectoria ideal para seguir otra más forzada?
